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Salud de la Mujer

“El replanteamiento de la atención de la salud en términos que garanticen un cuidado verdaderamente integral de la persona – hombre o mujer – conducirá eventualmente a abogar por servicios de atención a la mujer y no simplemente a la madre….” ( O.P.S.,1990 ).

 

La condición de la mujer es central en el desarrollo humano y de las sociedades: sobre ella recae la responsabilidad, y los riesgos, del proceso reproductivo, tanto en lo biológico como en lo social. Reducir la salud de las mujeres sólo a la salud materno-infantil, a la vida reproductiva, enfoque esencial hace 30-40 años por las altas cifras de mortalidad para ambos integrantes del binomio madre-hijo, resulta hoy plenamente insuficiente al omitir otras dimensiones de gran importancia, con  la mujer  vista como un sujeto que desempeña una amplia gama de roles en la sociedad contemporánea, y a la luz de los nuevos desafíos epidemiológicos que enfrenta el país.

En diversos foros internacionales – Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo,El Cairo, Septiembre 1994; Cumbre Mundial para el Desarrollo Social, Copenhague, Marzo 1995; Cuarta Conferencia Mundial sobrela Mujer, Beijing, Septiembre 1995 – se ha señalado en los años recientes la necesidad de ayudar a las mujeres a desarrollar sus distintos roles sociales – reproductora, cuidado del hogar y los hijos, agente productivo – con el menor impacto posible sobre su salud y su calidad de vida. La mujer, como principal responsable de la salud y la educación familiar, tiende a asumir estas múltiples tareas descuidando sus necesidades, con el obvio deterioro de su propia condición.

El año 1994 el Ministerio de Salud adopta la decisión de transformar el tradicional Programa de Salud Materna y Perinatal en un Programa de Salud dela Mujer, el cual, sin descuidar las acciones de protección del proceso reproductivo con los excelentes indicadores alcanzados ( mortalidad infantil y perinatal, mortalidad materna ), se propone agregar aspectos de salud no reproductivos  (salud mental, salud laboral, atención en el período postmenopaúsico) e incorporar el enfoque de Género en las actividades programáticas.

Los cambios demográficos, culturales y socioeconómicos que ha experimentado la sociedad chilena en las últimas décadas, se expresan con particular fuerza en el mundo femenino. La nueva orientación propuesta de las actividades de salud destinadas a la población femenina es coherente con el Plan de Igualdad de Oportunidades para las Mujeres 1994 – 1999, formulado por el Servicio Nacional dela Mujer, con cuyo cumplimiento nuestro Ministerio se ha comprometido.

El aumento de la expectativa de vida, ha desplazado la mortalidad femenina hacia la mujer adulta mayor ( 2/3 de las muertes ocurren en la mujer mayor de 65 años ). Pese a la mayor expectativa de vida ( 7 años más que los hombres), las mujeres presentan mayores problemas de morbilidad  y situaciones de desigualdad de género ( ” las mujeres viven más pero no viven mejor ” ).

La mayoría de los problemas de salud de las mujeres son evitables, por lo cual el enfásis en las acciones de salud debe centrarse en la promoción, la prevención y la integralidad, para dar debida respuesta a las necesidades propias de cada etapa del ciclo vital. La atención integral de salud debe ser eficiente, eficaz y oportuna, dirigida más que al paciente o a la enfermedad como hechos aislados, a las personas consideradas en su integridad física y mental, y como seres sociales pertenecientes a una familia, que están en un permanente proceso de integración y adaptación a su medio ambiente físico, social y cultural.

Durante los años de la vida reproductiva, los cuales coinciden con el ingreso de la mujer al mundo laboral, la mujer que trabaja fuera de la casa se enfrenta a una situación de tensión entre ambas responsabilidades. El Papa Juan Pablo II, en su ” Carta a las mujeres ” ( Junio 1995 ) denuncia elocuentemente esta situación : ” Baste pensar en cómo a menudo es penalizado, más que gratificado, el don de la maternidad, al que la humanidad debe también su misma supervivencia. Ciertamente, aún queda mucho por hacer para que el ser mujer y madre no comporte una discriminación “.

El concepto de Salud Reproductiva (S.R.), definido en los recientes eventos internacionales citados, tiene como objetivo central permitir que padres saludables puedan tener un hijo sano, fruto de una decisión responsable y compartida, sin comprometer su propio estado de salud. Las acciones de salud debieran concentrarse en el nivel primario de atención y orientarse a la posibilidad de lograr un embarazo deseado.

Como principios rectores en S.R. se han señalado : aspectos éticos personales y sociales; los derechos reproductivos; focalización en grupos más marginados y vulnerables; la equidad de género; la calidad de atención y la calidad de vida; la integración de los diferentes servicios disponibles; la participación social; la sustentabilidad de las acciones en el nivel local (descentralización). Estos principios forman parte de las políticas definidas por la actual gestión ministerial.

La salud mental de las mujeres es un área de preocupación reciente, ya que históricamente las necesidades de salud de las mujeres han sido relacionadas casi exclusivamente con sus funciones reproductivas. En documento dela Organización Mundialdela Salud, presentado en Beijing ( 1995 ) se señala : “en la actual organización social hay causas suficientes para el exceso de casos de depresión y ansiedad documentados en las mujeres”.

 El “ Estudio de Carga de Enfermedad ” (MINSAL-Banco Mundial, 1993), que incorpora aspectos relacionados con la funcionalidad y la calidad de la vida de acuerdo a indicadores que dan cuenta de los “años de vida ajustados por discapacidad – (AVISA), revela que en las mujeres los trastornos depresivos se encuentran en segundo lugar, después de las anomalías congénitas.

En los años recientes, se ha hecho visible el serio problema social representado por la violencia intrafamiliar ( ” epidemia silenciosa ” ), tanto por su frecuencia como por las secuelas que tiene sobre las víctimas y sobre todo el entorno familiar; por tratarse de un fenómeno complejo, multicausal, requiere de un abordaje integral desde distintos sectores.

La incorporación de la mujer al mundo del trabajo en los últimos 20 años ha alcanzado un significativo aumento en nuestro país. La superposición de roles- reproductivo, productivo y, doméstico – impone al organismo femenino una gran sobrecarga (doble, o triple, jornada laboral), cuyas repercusiones sobre los distintos componentes de su estado de salud – física, síquica, social – pueden provocar diversas alteraciones. El bienestar de la mujer trabajadora incidirá sobre su vida personal y familiar y, finalmente, sobre toda la sociedad.

Al terminar la presentación de la propuesta normativa del Programa de Salud dela Mujer, resulta oportuno citar de nuevo al Papa Juan Pablo II : ” Los graves problemas sobre la mesa, en la política del futuro, verán a la mujer comprometida cada vez más. En diversos campos será preciosa una mayor presencia social de la mujer, porque contribuirá a manifestar las contradicciones de una sociedad organizada sobre puros criterios de eficiencia y productividad, y obligará a replantear los sistemas en favor de los procesos de humanización que configuran la  ‘civilización del amor ‘ “.

El Ministerio de Salud comparte plenamente estos planteamientos, cuya materialización requerirá de un activo proceso de integración multisectorial y de participación social, en especial de las propias mujeres. El cuidado de la salud de la mujer es un derecho esencial cuya satisfacción adecuada es nuestra responsabilidad; la participación en el cuidado de la propia salud y de su grupo familiar es una tarea a la cual debe contribuir la sociedad toda.